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Viajes

Publicado: 03/01/2008

Autor: Adrian Pfeiffer

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Antarktis Eisberg

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Datos geográficos

Latitud: -54.8088 / S 54° 48.528'
Longitud: -68.304703 / W 68° 18.282'

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El Grigoriy Mikheev, construido en 1990 en Finlandia, es un buque de investigación ruso apto para navegar en regiones polares con una longitud de 66 m, un ancho de 12,8 m y dos máquinas Diesel de 1700 CV cada una.

Expedición de buceo en la Antártida

El buceo en la Antártida es un buceo muy especial, una experiencia inolvidable, siguiendo las huellas de Amundsen, Scott y Shackleton.

Acometer inmersiones en aquel continente extremadamente frío, tempestuoso y seco que en el siglo XVII todavía figuraba en los mapas mundiales como “terra australis nondum cognita”. Después de unas 1.500 inmersiones en agua dulce y en arrecifes tropicales pensamos que ya era hora de “otra cosa”. Lo que realmente nos empujó a realizar un viaje de buceo a la Antártida fue un crucero con el buque M.V. Professor Molchanov en junio 2003 a Spitzbergen, donde conseguimos entregarnos a nuestro hobby justamente por debajo de los 80º grados de latitud norte.
Pero lo que encontramos en la Antártida en febrero 2005 tanto por debajo como por encima de la superficie del agua, fue muchísimo mejor. El mundo submarino es inesperadamente rico en colores y especies. Anémonas marinas (p. ej. la anémona de color anaranjado brillante Isotealia antarctica), estrellas serpiente, estrellas de mar (principalmente las Odontaster validus de color rojo), estrellas de mar sol, babosas de branquias (p. ej. Doris kerguelensis), tritones, camarones, esponjas, medusas fluorescentes e incluso minúsculos corales blandos blancos, además amplias zonas con bosques de algas kelp (Cystosphaera jacquinotii) de una altura hasta las rodillas, por encima y por debajo de cuyas hojas se encuentra un auténtico macro-paraíso (anfipodas). Las inmersiones en los gigantescos icebergs de pendiente casi vertical e infinita son simplemente asombrosas. Varias veces tuvimos la suerte de encontrarnos con focas leopardo debajo del agua (a decir la verdad: una sensación algo incierta...). Nos acordaremos especialmente de la inmersión delante de la antigua estación de balleneros Alice Creek donde los restos de las ballenas azules, tras su aprovechamiento industrial, se desecharon al mar y donde hoy en día aún se pueden ver columnas vertebrales intactas de 20 m y más. Bucear en la Antártida es bucear en otro planeta. Porque el escenario (icebergs, glaciares, bancos de hielo) y sus habitantes (pingüinos, focas, ballenas, etc.) son tan poco hospitalarios como exóticos para nosotros.

08. – 11.02.2005: Viaje de ida

Ya a las 07:45 h despegó, puntualmente, el avión de IBERIA del aeropuerto de Zurich-Kloten para llevarnos a Madrid, y desde allí a Buenos Aires donde aterrizamos a las 21:00 h hora local (con - 4 horas de diferencia horaria). Pero ¿qué pudimos leer en el programa del viaje? “Se ruega respetar que solamente se pueden llevar 20 Kg. de equipaje por persona“. Lo mismo figuraba en los billetes de avión. Ya al recibir la documentación lo teníamos claro: ¡jamás en la vida podríamos cumplir esto! Como es posible que dos equipos de buceo con sus primeros cuerpos separados y dos autómatas, chalecos, trajes secos, chalecos de calor, dos pares de aletas, etc., además de la carcasa para la cámara, flash submarino, brazo flash, lámparas submarinas, toda la ropa de abrigo etc., etc., etc., pesasen en total “tan solo“ 40 Kg. ? Era algo impensable. IBERIA resultó ser terca de antemano: nada de equipaje adicional, tampoco pagando una cuota global (ya que quisimos no perjudicar a nadie). Finalmente optamos por enviar todo el equipo de buceo de antemano por AIR CARGO a Argentina. La idea resultó ser buena, pero al final tuvimos que pagar todos los sobre costes de transporte, tasas, impuestos, seguros, precio del taxi que recogería el equipaje en la Terminal Cargo, costes de almacenamiento, unos 600.- (!) EUROS – y esto solamente para el viaje de ida de Zurich a Buenos Aires. Para la continuación del vuelo a Ushuaia/Tierra de Fuego y el vuelo de vuelta a casa decidimos arriesgarnos. Y bueno: nadie se preocupó mínimamente por los casi 70 Kg. de peso del equipaje de vuelo (sin equipaje de mano). Sonrisas y amabilidad – éste fue el lema (y no más de una unidad de equipaje por persona).
Después de algunos días en Buenos Aires y una noche en la ciudad más sureña del mundo, Ushuaia/Tierra del Fuego, en el “Fin del Mundo” por fin llegó el momento. El día 12.02.2005 embarcamos junto con 19 buceadores y 20 viajeros exploradores en el Grigoriy Mikheev, construido en 1990 en Finlandia, un barco de investigación ruso apto para navegar en regiones polares con una longitud de 66 m, un ancho de 12.8 m y dos máquinas Diesel de 1700 CV cada una.

12. – 14.02.2005: En alta mar

Lo que empezó tan agradable y apaciblemente duró solo un poco. Después del control de seguridad obligatorio y de instalarnos en los camarotes, la primera comida a bordo y una maravillosa y tranquila navegación a la luz de la tarde por el Canal de Beagle, nos esperaba, detrás del Cabo de Hornos, la catástrofe: quienes ya hayan vivido un viaje por mar con una fuerza del viento de grado 12 (huracán), durante dos días y a través del Pasaje de Drake tristemente celebre entre los navegantes, saben de lo que estamos hablando. Nada, absolutamente nada permaneció en su lugar. Cajas y cajones, bandejas, armarios de tocador: se deshicieron de todas las cosas que habíamos guardado ordenadamente a la buena manera suiza. Aunque la red de retención de las literas estaba montada y nos tumbamos dentro planos como una platija, no hubo manera de dormir. El agua salpicaba hasta la tercera cubierta y las altas olas hacían que el buque se inclinara hasta más de 50º de lado (el oficial de seguridad Valery, de forma tranquilizadora, contestó a la pregunta ¿cuánto más podría inclinarse? con la frase: “más de 180° grados no lo puede hacer”). La pesadilla continuó hasta la madrugada del 15.02., cuando por fin avistamos tierra. Fue como si a los pasajeros se los hubiera tragado la tierra durante esta complicada travesía. No obstante, las dos azafatas rusas, siempre de buen humor, sirvieron a los pocos pasajeros que aún podían retener algo en el estómago la comida como si nada hubiese pasado.

15.02.2005: Telefon Bay, Whaler’s Watch (62° 59’ Sur; 60° 33.3’ Oeste)

¡La primera inmersión! ¡Por fin! Ya llevamos más de una semana de viaje, y además en estas condiciones fatigantes. Al monitor de buceo Mike Murphy de Canadá no se le escapa nada. El ex buceador profesional que soldó en diferentes islas del Mar del Norte, tuberías submarinas a una profundidad de 100 m y ahora se ha entregado como guía de buceo en aguas frías, observa a los buceadores montando sus aparatos y chalecos a las botellas de 12 litros. Rápidamente se da cuenta que a algunos de ellos los deberá vigilar especialmente… (más detalles posteriormente)
Buceamos en Whalers Bay, cerca de una estación de balleneros abandonada en un árido paisaje volcánico. En el agua nos esperaba una ladera de pendiente suave con muchos cangrejos y estrellas serpiente buscando comida en el fondo. A una temperatura del aire de 5° C y del agua de 0° C, la inmersión finaliza al cabo de 31 minutos (profundidad máxima: 26.7 m).

16.02.2005: Isla de Cuverville, Paradise Bay (64° 43.5 Sur; 62° 37’ Oeste)

El programa previó dos inmersiones. La primera estaba planificada para las 09:00 horas y nos llevó, mientras nevaba, a una pared de roca muy empinada que estaba densamente cubierta por kelp de color olivo-pardo. La zona rebosaba literalmente de vida debajo del agua. Un vistazo por debajo de las hojas de kelp siempre vale la pena porque allí habitan numerosos caracoles, anfipodas y otros animales pequeños. La visibilidad, en 8 m, fue buena. Después de 29 minutos de buceo y 23,7 m de profundidad tuvimos bastante. Hacía mucho frío y a pesar de los guantes secos, las yemas de los dedos estaban casi insensibles al cabo de 20 minutos. Pero esto no nos disgustó mucho porque después de una navegación de corta duración en la zodiac encontramos, cerca de un iceberg, a dos leopardos marinos mansos que parecieron disfrutar nadando con nosotros y al verse reflejados en los cristales de nuestras gafas. Pero cuidado: los leopardos marinos son carnívoros y predadores. Comen hasta cuatro pingüinos al día y tienen dientes agudos y muy afilados. Con una longitud de hasta 3 m y un peso de hasta 250 Kg. son las más grandes entre las focas.
La inmersión de la tarde a las 15:30 h nos llevó a un macro acantilado aún más bonito: acumulaciones de almejas, caracoles, estrellas de mar y camarones nos hicieron olvidar que habíamos superado la marca de los 30 m. Con el macro de 60mm habíamos dado en el clavo. Pero Mike sacó la primera tarjeta roja: Yvonne del Sur de Francia ya había tenido importantes problemas de compensación en la primera inmersión de la mañana, estaba muy nerviosa, mostraba indicios de pánico y no se hacía con el equipo.
Por la tarde hicimos una fiesta barbacoa en la cubierta posterior del buque al aire libre. Un buffet abundante, mucho vino y cerveza, en un ambiente muy alegre de baile y canto en medio del hermoso escenario antártico completaron este día lleno de experiencias.

17.02.2005: Canal Lemaire, Isla de Pleneau, Puerto Charcot (65° 05.6 Sur; 64° 02.3’ Oeste)

Para ese día estaban previstas dos inmersiones en un iceberg. Mike y François, un biólogo marino de Francia, conocedor de la Antártida, buscaron con nosotros en la zodiac un iceberg estable. Esto suena más fácil de lo que es en realidad: el iceberg debe estar anclado en el fondo para que permanezca estable durante la inmersión. Encontramos un objeto apropiado al norte de la Isla Pleneau. Pudimos anclar la cuerda de la zodiac firmemente en el hielo/nieve helada y nos deslizamos suavemente dentro del agua. La temperatura del agua de -2° C nos hizo estremecer. Sobre todo en la superficie cuando hay poco aire en el traje seco, el frío se hace notar con toda la fuerza. Algunas fotos medio-medio con el objetivo ojo de pez de 16 mm y a bajar cuanto antes. Y por fin vimos lo que solamente pocos de nosotros han llegado a ver: una pared de hielo vertical y en parte en resalte con dibujos en forma de panales se deslizó hacia abajo a la oscuridad eterna. Qué sensación la de sumergirse ingrávidamente en este azul helado. Entonces se sacó la segunda tarjeta roja: Para Bill de EEUU con su nuevísimo traje seco DUI y su cámara digital con caja submarina igualmente nueva fue (al igual que para Yvonne el día anterior) la última inmersión. También él tuvo serios problemas de compensación – es impensable a lo que pueden dar lugar en estas condiciones extremas.
La mañana no había podido ser mejor. Pero aún así todavía mejoró: Salió el sol y emprendimos otra inmersión en otro iceberg. No dimos crédito a nuestros ojos: leopardos marinos nos acompañaron en el agua y nos observaron con curiosidad, ¡en parte desde muy cerca! También el segundo iceberg nos mostró toda su grandeza y seductora hermosura debajo de la superficie del agua. ¡Qué experiencia!
De vuelta en la zodiac, buscamos un iceberg azul. Los icebergs azules son raros. La mayoría de los icebergs aparecen blancos porque minúsculas burbujitas de aire en la nieve y en el hielo reflejan la luz blanca. En cambio el viejo hielo glaciar que ha sido comprimido durante siglos por el peso de la nieve y del hielo, solamente refleja el extremo azul del espectro de colores. ¡Y lo descubrimos, nuestro primer iceberg azul! Se podrían llenar páginas para exponer al lector las impresiones y la fascinación de tal encuentro – y solamente aproximándonos a la mitad de la realidad.

En el camino de vuelta al Grigoriy Mikheev pasamos por delante de numerosas focas que se alimentan sólo de camarones, y de leopardos marinos que echaban la siesta encima de témpanos de hielo. También nosotros estábamos muy cansados…. Pero antes de acostarnos, tuvimos que reparar con laboriosidad el collar de látex roto del traje seco de Amos. Cosas que suceden de vez en cuando, casi siempre cuando uno menos las prevé, y por las que rápidamente pueden acabarse las vacaciones. Pero habíamos tomado nuestras precauciones y salvamos el collar con pegamento especial y un neumático de bicicleta. Amos pudo seguir sumándose a las siguientes inmersiones sin problemas y sin que le entrara agua (ver sus fotos fascinantes en www.biganimals.com).

18.02.2005: Isla de Petermann, Estación Vernadsky (65° 10.6’ Sur, 64° 7.7.’ Oeste)

La primera inmersión la realizamos a las 10:25 h en un lugar que ni siquiera conocían nuestros profesionales Mike y François. O sea, una inmersión de exploración al este de la Isla de Peterman frente al canal. Una vez que dejó de nevar, nos deslizamos en el agua como de costumbre a espaldas de la zodiac y aguardamos intrigados lo que nos esperaba. Para nuestro gusto, el terreno era demasiado plano; con superficies bastante pedregosas y arenosas y con un fuerte rompiente del mar que limitaba la visibilidad por debajo del agua. Además, la temperatura del agua era de -1° C a la que (casi) ya nos habíamos adaptado. La exploración en tierra en traje seco (también para eso sirven estos chismes en la Antártida) fue mucho más interesante: colonias de pingüinos Adélie se dejaron fotografiar con sus pollitos desde muy cerca y no mostraron temor alguno.
La inmersión de la tarde fue mucho mejor. Aunque en una bahía frente a la estación meteorológica ucraniana Vernadsky casi estuvimos encerrados por el hielo, el acantilado por debajo del agua nos reveló su belleza y tesoros: grandes babosas marinas como las Doris kerguelensis, esponjas, ascidias y pepinos de mar, kelp y anémonas marinas en diferentes tonos rojos y naranja, multitud de estrellas de mar y todo ello combinado con cinco leopardos marinos curiosos que nos observaban con fascinación. De nuevo empezó a nevar, sumándose el viento y una corriente ligera. Esta última resultó peligrosa porque las placas de hielo amenazaban con juntarse y cerrarse por encima de nosotros. Pero Mike y François siempre pendientes, no tardaron en sacarnos del agua helada de -1° C.
Después visitamos la estación Vernadsky que originalmente fue fundada por los británicos. De aquello ya no queda nada y en lugar de té Broken Orange ahora sirven litros de vodka. Junto a los amables ucranianos cantamos y bebimos en un ambiente alegre en el bar situado más al sur del mundo mientras que afuera había tempestad y nevaba (un ucraniano bebido llegó a caerse al agua helada pero pudo ser rescatado en el último momento …).

19.02.2005; Isla de Bertholet, Islas Argentinas (65° 14.5’ Sur, 64° 17.3’ Oeste)

Por la noche, el Mikheev navegó en dirección al círculo polar antártico con la esperanza de cruzarlo. El buque atravesó de manera lenta pero constante las gruesas placas de hielo. El ruido del crujido se transmitía a través del casco y se percibía en todas partes. Al fin, en medio de la noche el buque ya no pudo continuar. El Mikheev tuvo que dar media vuelta a 65° 40’ Sur (¡hasta el Polo Sur faltan otros 2700 Km.!). Por poco nos perdimos el círculo polar antártico – la naturaleza era más fuerte que nosotros. En el viaje de vuelta por el Canal Grandidier pasamos por delante de gigantescos icebergs. A las 15:00 h finalmente realizamos una inmersión en la misma zona del día anterior, es decir en la estación Vernadsky. Una vez más nos dejamos embelesar por el acantilado densamente poblado por flora y fauna marina con una visibilidad excelente – siempre observados por leopardos marinos vigilantes. Al cabo de 27 minutos con una profundidad máxima de 23,4 m tuvimos suficiente y emprendimos, con muy buen tiempo, un extenso tour en zodiac por los icebergs,

20.02.2005; Islas de Yalour, Canal Lemaire, Puerto Lockroy (65°05.9’ Sur; 63° 58.8 Oeste)

Mientras que los compañeros exploradores tuvieron un encuentro desagradable con un leopardo marino que en un ataque mordiendo rompió una cámara de aire de la zodiac, nosotros los buceadores tuvimos la última oportunidad de realizar una inmersión en un iceberg. Después de una búsqueda corta encontramos uno apropiado y seguro que estaba fondeado a 18 metros y nos ofrecía unas condiciones óptimas. Prudentemente nos deslizamos por la lisa pared de hielo hacia abajo hasta llegar al fondo. Éste estaba salpicado de las típicas estrellas de mar antárcticas de color rojo (Odontaster validus). Fue una lástima que las condiciones de luz dejaran mucho que desear – pues se habrían podido obtener unas buenas fotos de luz mixta … No obstante, la inmersión fue muy especial: nos atrevimos a bucear por debajo del iceberg hasta allí donde su choque contra el fondo al ritmo de las olas retumbaba fuertemente.
Después de la comida pudimos elegir entre emprender un Critter-Dive (macro) o probar suerte en la estación de balleneros abandonada de Alice Creek. Mike nos aviso de que en Alice Creek el fondo se componía de sedimento de arena fina y que cualquier golpe de aleta podría empeorar mucho la visibilidad. A pesar de ello nos decidimos por Alice Creek. Salimos a las 16:00 con ventisca. Por encima del agua salada a una temperatura de -1° C la nieve cuajaba y al principio nadamos en un “caldo frappé”. Después de bucear durante algún tiempo en un agua verde de algas nos encontramos, a una profundidad de 8 m, con algo de color claro que se parecía a un barril grande de petróleo. Entonces, de repente nos dimos cuenta de lo que se trataba: ¡la vértebra de una columna vertebral completamente intacta de una ballena azul de 25 m de tamaño! Estuvimos fascinados por esta visión fantasmal. Si no hubiéramos estado ya medio congelados, nos habríamos estremecido. Recordamos las advertencias de Mike y nos deslizamos prudentemente alrededor del esqueleto para no perjudicar la calidad de las fotos que íbamos a tomar.

21.02.2005: Isla de Orne, Isla de Melchior (64°28.4’ Sur, 62°53.5’ Oeste)

Después de un largo paseo con un fantástico tiempo en la Isla de Orne donde los pingüinos burro criaban a sus pollos hacia el final del periodo de incubación y nos saludaban como de costumbre con un fuerte parloteo, realizamos por la tarde una inmersión en las Islas de Melchior. Éstas se hicieron famosas por una película de la BBC “Life in the Freezer“. Las expectativas creadas por esta película épica probablemente fueran excesivas, porque aparte de algunas algas pardas y de algunas plantas kelp no había mucho que ver. El terreno caía de forma muy empinada, de manera similar a un barranco. Alcanzamos el fondo del canal a 35 m. Su fondo pedregoso estaba salpicado de almejas, estrellas de mar, ascidias y anémonas marinas. Al cabo de 30 minutos, nuestras yemas de los dedos, a pesar de los guantes secos, se volvieron una vez más (casi) insensibles y dimos media vuelta.

22. – 24.02.2005: En alta mar

Una vez que habíamos aclarado los trajes de buceo con abundante agua dulce y que creímos que los habíamos tendido al aire libre en un lugar seguro, pronto nos desengañamos. El Mikheev abandonó la protegida península antártica y giro en dirección al norte hacia mar abierto en dirección a Suramérica. Dos ballenas jorobadas nadaban tranquilamente en círculos alrededor del buque y se dejaban fotografiar desde muy cerca. Pero el viento no tardó mucho en incrementarse hasta una fuerza 8. “No, otra vez no“, nos dijimos entre nosotros y procedimos a poner a salvo los equipos y los trajes de buceo. Nuestras oraciones fueron escuchadas y la fuerza del viento se quedó en el 8. Los dos días con alta y gruesa mar pasaron volando acortándose el tiempo con ponencias interesantes, presentaciones de diapositivas y las primeras películas de nuestro viaje. El día 24.02.2005 llegamos puntualmente a Ushuaia. Tuvimos 2560 km de navegación en mar a nuestras espaldas, ¡y seguíamos vivos!
Después de otra noche en Buenos Aires regresamos el 25.02.2005 en el avión de las 14:10 h vía Madrid a Zurich-Kloten, donde aterrizamos el día 26.02. a las 11:30 h.

Conclusión

Quienes quieran entregarse al buceo en el hielo eterno, deben encontrarse en muy buen estado de salud y de finanzas. Las dos inmersiones diarias en el agua fría con temperaturas de hasta –2° C, a veces con tempestad y ventisca, suponen tanto un desgaste para el estado físico, como para la cartera, con unos costes de como mínimo 7.000€ por persona (incluyendo el vuelo). A ello se añade la ida y vuelta de 48 horas respectivamente de Ushuaia/Tierra de Fuego al continente a través del agitado pasaje de Drake lo que para la mayoría de los pasajeros fue un auténtico infierno. No obstante, este viaje de categoría extra es muy recomendable para buceadores Hardcore y para aquellos que quieran convertirse en ello. En el Grigoriy Mikheev (Murmansk) estuvimos en muy buenas manos. Se le atribuye una gran importancia a la seguridad. El buceador profesional Mike Murphy (Canadá) y el biólogo marino François de Riberolles (Francia), ambos especialistas en aguas heladas, conocen las malicias y los peligros de la banquisa, de los icebergs flotantes y de las corrientes como la palma de su mano. Equipos, técnica, electrónica, alimentación, etc.: en el Mikheev todo está a un alto nivel.
Los 45 pasajeros (de los que 21 eran buceadores de todo el mundo, número en continuo descenso...) no echaron nada en falta. Incluso un médico – tal y como estipulan las normas – se encontraba a bordo. Quienes no desearon bucear (o los que ya no pudieron debido a la prohibición de buceo), pudieron sumarse a las expediciones de tierra guiadas profesionalmente. Como máximo fueron de 5 a 6 buceadores los que se cargaron en una zodiac generosamente equipada. Ésta, cargada con los equipos de buceo, se llevó cuidadosamente por medio de una grúa situada en la cubierta al agua y se sacó de ella ¡sin necesidad para los buceadores de cargar con los pesados equipos y cinturones de lastre!